Gotham Central o lo que Gotham debió ser

12 minutos

Cuando comenzó a rumorearse la producción de una serie ambientada en el universo de Batman, pero sin la presencia del Señor de la Noche, muchos comiqueros quedamos intrigados y expectantes. Cuando se anunció que el showrunner sería Bruno Heller y que el periodo temporal a cubrir en dicho producto sería el hueco entre el célebre asesinato de los Wayne y la aparición de Batman en Gotham, servidor comenzó a dar saltos de alegría.

El Mentalista de Heller había sido una propuesta medianamente interesante que derivó en procedimental formulaico con tendencia al absurdo argumental. Donde Castle triunfaba por su tono autoparódico y desenfadado, El Mentalista fracasaba ofreciendo un misterio central excesivamente alargado (la identidad del asesino en serie conocido como John el rojo)  y lleno de giros de guión tramposos que, en definitiva, servía únicamente como ruido de fondo y comparsa de los obligatorios “misterios de la semana”.

Aún así, había calidad (y mucha) en la carrera de Bruno Heller. El recuerdo de la Roma que presentó en HBO me hizo albergar la esperanza de ver en la futura Gotham algún rasgo que la recordase, pues aquella Roma sucia y bulliciosa, capital de un mundo llena de vida y, al mismo tiempo, de miseria, era el germen perfecto, una proto-Gotham de la antigüedad donde la violencia es moneda de cambio y las luchas de poder entre los hombres ilustres se solucionan al más puro estilo Corleone.

Roma – HBO.

Además, el material comiquero potencialmente adaptable no podía ser más jugoso. Frank Miller ya había establecido en su Año Uno un ecosistema turbio y decadente ideal para la ocasión y deseoso de ser aprovechado. En la citada obra, seguíamos los pasos de un Jim Gordon (protagonista propuesto para la serie de televisión) recién trasladado desde Chicago y que aún no sabe “como funcionan las cosas en Gotham”. Junto a él, éramos testigo de los entresijos más oscuros de una sólida estructura de poder basada en la corrupción y fuertemente arraigada en una ciudad a la que “le gusta estar sucia”. Solo dos agentes externos, sin esa marca de corrupción escrita en el ADN, podrían tratar de poner orden en el vertedero: Jim Gordon, el recién llegado, y un Bruce Wayne que se ha pasado media juventud viajando por el ancho mundo en busca de las herramientas y conocimientos necesarios para ejecutar su venganza personal contra el elemento criminal de Gotham.

Pero Año Uno no es el único material que podría haber servido como inspiración a la serie de Bruno Heller. El éxito de la obra de Miller provocó un gran número de obras satélite que se servían del “ambiente Año Uno” y expandían ese universo, en ocasiones con notable acierto. El Hombre que Ríe, de Ed Brubaker (guionista que rescataremos más adelante) relataba un primer enfrentamiento entre Batman y Joker que ya había sido anunciado a modo de referencia al final de Año Uno del mismo modo que Batman Begins (en claro homenaje) anunciaba en su secuencia final la futura secuela que pondría al vigilante de Gotham cara a cara con su archinémesis. La serie de cómics Legends of the Dark Knight, cuya publicación comenzó en 1989 aprovechando el tirón del primer Batman de Tim Burton, se nutría casi exclusivamente de historias ambientadas en los primeros años de Bruce Wayne como vigilante y continuaba desarrollando el microcosmos creado por Miller.

Legends of the Dark Knight.

Legends of the Dark Knight nos trajo arcos argumentales de notable calidad como Chamán (con guión del mítico Dennis O´Neil) o Presa (donde se presentaba una inquietante reinvención del clásico villano Hugo Strange, a quien muchos recordarán por ser uno de los antagonistas principales del videojuego Batman: Arkham City). Legends of the Dark Knight también vio el nacimiento del equipo creativo formado por Jeph Loeb y Tim Sale en Batman, con la producción tres especiales de halloween (hoy recopilados con el nombre de Batman: Haunted Knight) que serían el germen de las obras que más han contribuido a expandir el “Millerverso” de Año Uno: Batman: El Largo Halloween  y su secuela Victoria Oscura.

El Largo Halloween puede leerse casi como una secuela directa de Año Uno e introduce toda una jerarquía de familias mafiosas que pugnan por el control con Carmine Falcone a la cabeza, concepto más que interesante y muy aprovechable en una adaptación.

Había, sin duda, muy buenos ingredientes para cocinar una serie de televisión capaz de satisfacer al fanático del personaje y al espectador casual. En septiembre de 2014 fuimos testigos del nacimiento de Gotham y el resultado no pudo ser más… DECEPCIONANTE.

Gotham.

Todas las promesas y expectativas quedaron tiradas en el callejón del crimen, tan muertas como el matrimonio Wayne. El producto terminó siendo un pastiche bastante mediocre que embarullaba y arrojaba a un atestado cajón de sastre una mitología que rara vez se comprendía. La serie, sin duda, cuenta con varios aciertos parciales. Ciertos personajes acaban resultando interesantes, casi por casualidad, como el Pingüino interpretado por Robin Lord Taylor o el joven Bruce Wayne a quien da vida David Mazouz. Sin embargo, un puñado de éxitos moderados no es suficiente, en opinión del que firma, para salvar un conjunto mediocre que no despierta otra sensación que la de una gran oportunidad perdida.

Y es que, además, la serie adolece de dos de los errores a evitar más comunes en este tipo de producciones.

Dos pozos de guión que he decidido bautizar como: “EFECTO CLONE WARS” y “EFECTO SMALLVILLE”:

Clone Wars.

EFECTO CLONE WARS: “Dícese de la continua referencia o guiño evidente al futuro de unos personajes ya marcado y de sobra conocido por el espectador”.

Quienes sean seguidores del universo Star Wars y se hayan acercado a la serie de animación capitaneada por Dave Filoni sabrán perfectamente de lo que hablo. Guiños visuales evocando la trilogía original, sucesos que se repetirán en los productos principales de la franquicia presentados de una forma ligeramente distinta o referencias continuas a futuras transformaciones (físicas y/o psicológicas) de personajes principales.

Como en el famoso monólogo de Gila, nos atacan con indirectas: “Alguien va a convertirse en Darth Vader… y no me gusta señalar…”

En el caso de Clone Wars, el pecado queda de sobra compensado por una impecable factura técnica, un esfuerzo notable de expandir y enriquecer el universo Star Wars y una cierta sutileza a la hora de introducir estos pequeños huevos de pascua. En Gotham, sin embargo, la delicadeza brilla por su ausencia, y lo único que falta es algún plano de Bruno Heller blandiendo carteles luminosos en los que se leyese “ESTE VA A SER ENIGMA”, “CUIDADO CON ESTE QUE NO ES DE FIAR”, “MIRA QUE COSA MÁS DE BATMAN HA DICHO EL MUCHACHO”.

El máximo exponente lo encontramos con el personaje de Joker, pues en un primer momento se aseguró que no iba a aparecer, luego se presentaría como una especie de “ideal de locura” sembrado en Gotham (concepto marciano donde los haya), más tarde se dan pistas de que será el personaje de Jerome Valeska (interpretado con cierta solvencia por Cameron Monaghan pero con un material muy pobre para trabajar) y venga golpes y golpes de timón en una trama que ya hace tiempo que perdió el rumbo.

Smallville.

EFECTO SMALLVILLE: “Dícese del desarrollo excesivo de tramas o abuso de personajes en un marco temporal que no toca”.

Aquellos que, en su día, seguimos la serie Smallville vimos con espanto como aquel experimento, en origen dedicado a las aventuras de un Clark Kent adolescente, se iba alargando y mutaba en una serie sobre Superman, pero sin Superman. Todos los elementos de la mitología del personaje estaban presentes en Smallville, los villanos aparecían y desaparecían, las tramas nacían y pervivían en el tiempo hasta agotarse y uno tenía la sensación de que nada quedaría por contar cuando el último hijo de Krypton decidiese surcar los cielos con su icónico traje rojiazul.

Lo mismo ocurre en Gotham, la rica mitología que se ha ido construyendo a través de los años en torno a Batman (centro indiscutible de todo este asunto) se emplea sin mesura y se desarrollan arcos argumentales que en el contexto de la serie, es decir, sin un Batman completamente formado, carecen completamente de fundamento. Por otra parte, la diferencia de edad existente entre la mayoría de personajes y el pequeño Bruce Wayne nos induce a pensar que, una vez adopte el manto del murciélago, solo tendrá que enfrentarse a una galería de octogenarios. No quedará más remedio que reconvertir el psiquiátrico de Arkham en residencia para la tercera edad.

Una serie de Superman sin Superman (o al menos sin un Superman completamente formado), una serie de Batman sin Batman…

 ¿Puede ser ese el problema?

Contamos con una ambientación inmejorable, una galería de personajes interesantes y un mundo rico que explorar, eso es cierto, pero… ¿Es posible fabricar un producto de calidad con esos mimbres sin la presencia del elemento central y aglutinante que les da sentido?

La respuesta es y la prueba es la serie de cómics GOTHAM CENTRAL.

Gotham Central.

Con Ed Brubaker y Greg Rucka a los guiones (autores que han dado mucha gloria al universo Batman) y lápices de Michael Lark (el dibujo pasó por distintas manos siendo Lark el dibujante inicial y de mayor continuidad) Gotham Central nos ofrece una de las fórmulas más refrescantes a la hora de abordar personajes con una gran trayectoria editorial a sus espaldas: UN CAMBIO DE PERSPECTIVA.

Mientras que las colecciones principales del personaje como Batman y Detective Comics abordan la narrativa desde el punto de vista del murciélago, Gotham Central decide centrar la cámara (o la viñeta, en este caso) en los oficiales del Departamento de Policía de Gotham City.

La vida diaria del policía común, del simple detective de infantería, interesa más a los autores que las grandes gestas superheroicas. Nos encontramos ante una serie de enfoque sorprendentemente realista, si bien no podría hablarse de un realismo al estilo Chris Nolan. Gotham Central es plenamente consciente de que se encuentra en un universo de cómic y no trata de hacer filigranas para justificar lo inexplicable.

Por contra, el elemento fantástico se asume sin problema y se afronta con una sinceridad que se remata perfectamente con ciertas dosis de puro costumbrismo. La posibilidad de que tu compañero de patrulla se convierta en un montículo de escarcha por obra de Mr. Freeze, se asume como normal, tan real para los personajes como recibir un balazo en acto de servicio, mientras que la condición sexual de un compañero del curro sigue siendo la comidilla de la comisaría y el tema favorito de conversación en los corrillos de cotillas a la hora del café.

Es en estos momentos cuando la colección brilla con más fuerza, pues encontramos un brutal contraste entre sus personajes (perfectamente descritos y creíbles en un contexto real) y el loco entorno que les rodea. Brubaker y Rucka ponen las cartas sobre la mesa, conocen el material con el que trabajan y no dudan en compaginar momentos de auténtico thriller policiaco con el puro cómic atreviéndose, por ejemplo, a hacer pasar por la sala de interrogatorios a Cyborg, Starfire, Raven y demás integrantes de los Jóvenes Titanes para declarar acerca del supuesto asesinato de su compañero Robin (lo de Cyborg como miembro de la Liga de la Justicia es cosa de hace un cuarto de hora, amigos).

Como ya he señalado, una serie de Batman sin Batman… o al menos con poco Batman. El caballero oscuro se pasa de vez en cuando por la colección para solucionar la papeleta aunque nunca como un mero “Deus Ex Machina”. Las intervenciones del protector de Gotham son escasas y tienen una finalidad muy clara, a la par que coherente con la propuesta de los guionistas, son la excusa perfecta para que los personajes principales indiquen su opinión acerca del vigilante. Se establece, con ello, una relación similar entre Batman y el GCPD a la que existiera entre Sherlock Holmes y Scotland Yard. Algunos agentes lo desprecian y opinan que con sus intervenciones fomenta una imagen de ineptitud que el cuerpo no merece, otros lo consideran un mal necesario, muchos se alegran de que esté ahí como un refuerzo silencioso… y hay incluso quien se atreve a convertirlo en protagonista de sus fantasías románticas… soñar es gratis… supongo.

Es obligado volver a mencionar Año Uno, pues el dibujo de Lark recuerda enormemente al estilo empleado por David Mazzucchelli. Un trazo sencillo y limpio, muy alejado del empleado por otros dibujantes del mainstream que buscan más la espectacularidad y el detalle, pero que casa perfectamente con el tipo de historias que se presentan en esta colección. Los juegos de luces y sombras nos harán creer que somos espectadores de una gran película de género negro, efecto al que contribuye también el tratamiento del color, con gran predominancia de  grises y tonos apagados (otro recordatorio del célebre cómic de Miller).

Si quieren hacerse con la obra, se encuentra editada en España por Ecc en distintos tomos recopilatorios. Lean Gotham Central y lamenten lo que pudo ser y no quisieron darnos.

nsf points

Spoilerman @nostagefright

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"Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad." | Casablanca (1942).
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