Crónica del FIV

9 minutos

 

Llegó el último fin de semana de abril y con él Vilalba se tiñó de fucsia una vez más para acoger el FIV y a sus fivers, que a pesar de que el domingo había elecciones, no dudaron en acudir a la cita. Y es que a pesar de ser un festival que no tiene el renombre de otros, la gente que acude una vez siente a partir de ese momento una tremenda devoción, llegando a agotar los abonos muchas semanas antes del festival. Una nueva religión como dirían Lori Meyers. Bandas y artistas se encargan de traer la fiesta por la tarde y por la noche, pero por el día y la hora de la siesta son los y las asistentes quienes hacen del FIV lo que es: un evento para disfrutar como niños chicos. A pesar incluso del frío y del tiempo, de señores taxistas protagonizando accidentes (un día haremos una sección de anécdotas que no os creeríais en festivales), y de tener que correr para montar la tienda de campaña en buen sitio porque pillar alojamiento en Vilalba no lo consigue ni Tom Cruise.

A nosotros nos gusta llegar con antelación; si los abonos y el camping abren a las 13:00, pues ya hacemos acto de presencia a las 11:00 para tomar el café y los vermús mientras hacemos cola. Cuestión de tradiciones. Cuando el campamento base queda montado es la hora de la comida, la sobremesa, las rondas posteriores, revivir nuestros grandes éxitos con una pandereta de plástico y las rondas antes de entrar al festival. Pueden parecer 5 horas, pero se quedan en 5 minutos y cuando llegamos al primer concierto pudiera ser que ya estuviésemos algo mal de la voz. No hay pruebas, pero tampoco dudas. Aún roncos y roncas las canciones de Depedro se corean igual, y más aún si se baja con parte de su banda al medio del público a cantarte al ladito tuyo. Durante su concierto interpretó muchos de sus éxitos, como Nubes de papel, que ha recogido e interpretado con amigos en su último disco,Todo va a salir bien, que repasa sus 10 años de carrera. Pero para servidor lo más flipante fue la versión, que también está en el disco, de Llorona. Podría decir tópicos como “indescriptible”, “la piel de gallina”, o del estilo, pero lo que mejor lo describe es “mecagoendiosquebuenísimofue”.

Después llegó el turno de las personas que montan y desmontan los escenarios y, por tanto, de ir a la barra. Que oye, hay gente a la que le gusta ir a cotillear esas cosas o a coger sitio, pero nosotros somos personas de costumbres. Tras una caña rápida de Mahou cogíamos buena posición para ver a Miss Caffeina, amigos ya de la web, que con la nueva puesta en escena especial para festivales a full de láseres, luces potentes y brilli brilli conquistaron a toda la gente presente bajo la inmensa carpa. Fue un concierto todavía más eléctrico que el que les vimos en Oviedo hacía un par de semanas. Se centraron más en los singles y en las canciones rápidas, como Venimos, Calambre, Mira como vuelo o Cola de pez. Nunca decepcionan, y con el gran espectáculo visual que despliegan en los festivales menos todavía.

Justo el concierto siguiente supuso el completo opuesto a lo mostrado por la electrónica y los sintes de Miss Caffeina, y es que saltaban a escena los chicos de La M.O.D.A.con sus ya característicos uniformes de faena y su sonido tan particular. Fueron desgranando canciones de sus tres álbumes en castellano para el deleite de los fans allí presentes. No es que sean mi banda favorita, así que soy bastante objetivo cuando digo que su directo es puro espectáculo y, además, el público se viene siempre muy arriba, lo cual también ayuda. Parecía que todo el recinto se iba a caer abajo durante PMRV y Héroes del sábado. Toda se me ponen los pelos de gallina cuando pienso en esos momentos.

Para cerrar la primera noche de FIV teníamos el espectáculo de Alex Pi de Sidonie. Y digo espectáculo con todas las letras y todavía se le puede añadir alguna más, porque el carisma de este hombre es impresionante. Las canciones que ponían no eran importantes, lo realmente trascendental era verle subirse cada dos segundos a la mesa y ponerse a bailar. No paró durante todo el set, e hizo que todo el mundo estuviera pendiente de su más mínimo movimiento de meñique. ESPECTÁCULO.

Y al día siguiente amanecía soleado y caluroso en Vilalba, y disfrutábamos del tiempo del desayuno y de una buena ducha a primera de la mañana para despejar. Luego ya salimos del polideportivo donde teníamos el campamento base y nos dimos de bruces con la cruda realidad: fresqui y un poco de lluvia fina. Bien es cierto que a los cinco minutos paró de llover y que a la hora ya estábamos en camiseta simplemente. Sobraban chaquetas, jerseyses, parcas, chubasqueros o lo que fuera. ¿Por qué? Pues porque era la sesión vermú. Para mí, la mejor parte del festival sin duda. En el auditorio tocaban La sonrisa de Julia y La banda de música de Vilalba, y en la explanada del auditoria actuábamos Nosotros. Al ritmo de nuestros grandes éxitos Protección civily Paracetamol, con castañuelas y pistola de confeti en mano, brindamos unas cuantas horas de diversión a la gente que se acercó al auditorio. La gente que había ido a los conciertos se quedó después para ver nuestra performance y cómo disfrutábamos. Incluso nos aplaudían cuando nos fuimos a comer (como cuatro horas después).

Tocaba comer, descansar y coger fuerzas para lo que quedaba de tarde y de noche. Y por tanto coger fuerzas nos perdimos parte del concierto de Siloé, pero las canciones que les vimos interpretar sonaban muy potentes y con mucha fuerza y la gente allí viéndoles se lo pasaba en grande. Yo me preparaba para lo que venía a continuación: mi adorado Iván Ferreiro jugando en su Galicia natal. El desparpajo y la facilidad de palabra que tiene es apabullante, y aunque a primeras parezca el típico cantautor indie de cortarse las buenas, en su discografía cuenta ya con un buen número de hits, y eso es lo que saca a relucir. Canciones del estilo El dormilón, Como se conocieron nuestros padres, La otra mitad, Toda la verdadEl viaje de Chihiro o la mítica Turnedo que nunca falla y levanta a todo el personal. Por supuesto, también tira de repertorio clásico de Los Piratas, y además de las frecuentes Años 80 El equilibrio es imposible, en Vilalba cayó Fecha Caducada, que no ha envejecido nada y mal y suena de miedo. Es poco objetivo que yo lo diga, pero fue un concierto alucinante, como todos los suyos.

Después de una cervecita para controlar el estado emocional en el que nos dejaron Ferreiro y cía tocaba ponerse un poco nerviosos para recibir a la banda que la mayor parte de la asistencia al festival no estaba esperando (porque volvió muchísima gente después del concierto), Los Planetas. Arrancaron con Segundo premio, Corrientes circulares, Pesadilla en el parque de atracciones, Un buen día y ya no me acuerdo qué más ni si ese fue el orden correcto porque madre mía que bien sonaban y que te pongan todos esos temas juntos, pero no revueltos, es para perder la consciencia. Sí es verdad que la carpa estaba regular de aforo, pero lo que suele pasar con este grupo es que como bien dicen Novedades Carminha es bastante de puretas, y claro, la gente más joven que va a los festivales pasan un poco de este tipos de grupos de sus padres de canciones lentas de ocho minutos, que fue por donde tiró el concierto. Ya no me asomo a la reja, Islamabady Señora de las alturas nos hicieron entrar en trance y demostraron por qué Los Planetas son tan buenos hacedores de canciones. Fue un lujazo ver a tal banda desde un sitio cercano al escenario sin sufrir el embotellamiento típico. Y esta vez, tocó un señor conciertazo por su parte.

Como decía antes, la carpa se volvió a llenar para recibir a la última banda de la noche, a Dorian. Salieron muy de blanco, con La isla de fondo y se encontraron con un recinto lleno hasta los topes. Se encargaron de presentar su último disco, Justicia universal, mientras hacían un repaso por todos sus temas más conocidos comoParaísos artificiales, La tormenta de arena, El temblor o uno de los himnos indie por excelencia: A cualquier otra parte. Para ser honesto, las canciones del último álbum no sonaban muy contundentes en directo, pero una vez que llegaban a los clásicos parecían subir de revoluciones y la cosa funcionaba mil veces mejor. No lo digo por los kilos de confeti que tiraban durante las canciones más míticas, si no que parecían una banda completamente distinta o que se habían puesto un equipo de sonido nuevo. Quizás es que estoy muy enamorado de las canciones más conocidas y las nuevas no me entrasen también. La gente saltó, bailó y coreó como nunca todas las letras de Dorian, así que quizás fuese solo una diferencia de apreciación. Pero oye, que lo gocé como el que más eh.

Para cerrar esta edición del FIV contábamos con el set de Cheese&Bacon, que con remixes de hitazos míticos nos hicieron “quemar zapatilla” (quiero demostrar que soy pureta) hasta las tantas de la mañana. Y eso que las fuerzas empezaban a flaquear ya porque este era el primer festi del año y era más bien tiempo de pre-temporada y la forma física no es la óptima. O quizás también es que nos estamos haciendo mayores, quién sabe…

Lo que sí que es cierto a través de muestras empíricas es que el festival crece cada año, con bandas más grandes, agotando abonos cada vez más pronto y haciéndonos disfrutar cada vez más. Es una de esas citas que tiene que ser obligada para todas aquellas personas a las que le gustan los festivales, pero que por desgracia no todo el mundo conoce. Acaba de terminar esta edición y no podemos parar de pensar en qué nos deparará la del año que viene, que seguro que será igual de espectacular que esta. ¡Ah! Y si pasáis por el FIV no os podéis perder nuestra actuación del sábado en la explanada del auditorio, no es la mítica Plaza del Trigo, pero lo gozamos igual.

Aitor Gonzalez

Me gusta mucho desayunar y hacer entrevistas.
Aitor Gonzalez

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