De lo ridículo a lo sublime

7 minutos

Muchos aspectos del mundo cinematográfico no reciben el reconocimiento que se merecen  por estar en el fondo de las escenas. Con actuaciones estelares, dirección ejemplar o guiones memorables hacen muy simple pasar por alto algo tan fundamental, y tan criticado, como los efectos especiales en concreto los efectos especiales generados por ordenador. Hoy he decidido escribir sobre esto al ver la noticia que la revista Wired le dedica a los 40 años de duro trabajo de la compañía ILM (Industrial Light & Magic). Pero cómo hemos llegado a una era en el cine en la que gran parte de lo que vemos sobrepasa la línea de la ficción con creces, que lo que vemos no es real, no está realmente ahí y aún así nos lo podemos llegar a creer en un segundo plano. La historia de la era digital comienza con un hombre y una idea, como la mayoría de los grandes cambios. La idea, enseñarnos algo imposible. En cuanto al hombre debo decir que, a pesar de sus orígenes, me tenía muy decepcionado con sus últimos trabajos pero a medida que me informaba acerca de su vida, se ha ganado mi respeto y admiración que tenía antes de su época precuela/secuela. Para los que no se lo imaginen ya hablo de George Lucas y su obra Star Wars.

El sueño: Las estrellas

George tenía el sueño de enseñar al público algo totalmente nuevo, algo que en papel sonaba completamente imposible y no hablemos de la posibilidad de sacar un guión a partir de la frase Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana. Tras acudir a muchos estudios y obtener el permiso de la Fox, George buscó la manera de que los espectadores se sintieran en el espacio. Y lo consiguió mediante la animación por ordenador coordinada con efectos prácticos, en otras palabras superó el increíble obstáculo de crear un universo creíble en una era que precedía lo digital. Algo increíble si lo pensamos detenidamente, nadie que vivió en el año de su estreno y fue al cine a ver Star Wars puede decir que olvidará la experiencia. El director Ron Howard ha admitido que el día que la vio por primera vez salió del cine para ponerse en la cola y sacar una segunda entrada para repetir la experiencia, y no fue el único. Para muchos la aventura espacial está considerada como el principio del “renacimiento” de los efectos especiales, que puede parecer una exageración pero leyendo la historia de ILM puedo decir que es totalmente cierto.

Efectos para el mundo

El trabajo de la empresa no fue privatizado, me explico: George Lucas hizo que los servicios de esta nueva compañía pudieran ser utilizados por cualquier estudio para cualquier idea. Y las ideas que se habían ido descartando comenzaron a llegar muy tímidamente. Al principio la desconfianza reinaba entre los artistas que se aferraban a un método que amenazaba con quedarse obsoleto, los efectos prácticos. Trabajar con la animación por ordenador fue tachada de desleal al género incluso refiriéndose a ella como “trabajar para el lado oscuro“, pero la fe de directores visionarios como Steven Spielberg hicieron posible una nueva era digital. Uno de los más rápidos en adaptarse al cambio, el director decidió dar el voto de confianza a ILM para la escena final de la primera entrega de Indiana Jones. El señor Spielberg declaró que si podían hacer algo como Star Wars estaba seguro de que podían derretir una cabeza, y así fue. Luego vinieron títulos como E.T., Willow o Regreso al futuro y personajes como Roger Rabbit o el T-1000, al que el director James Cameron tuvo que esperar durante años a que la tecnología le permitiese verlo en pantalla en Terminator 2. Pero todo cambió cuando los dinosaurios llegaron al siglo XX.

La evolución de la devolución

Jurassic Park se convirtió en un punto de apoyo para todos los artistas del género, fue el interruptor que cambió la mentalidad de muchos. La combinación de diseños a tamaño real y el uso del ordenador hacía que el público se perdiese, en ocasiones, en la diferencia de lo que parecía real y lo que no. El hecho de ver dinosaurios de una manera creíble en la gran pantalla hizo que los efectos especiales comenzasen a ser considerados como algo no sólo importante para la manera de ver la película, sino también para la manera de contar la historia y convirtió al T-Rex en un auténtico rey del cine.

Obras maestras como Forrest Gump comenzaron a utilizar los efectos para pequeños detalles que mejoraban la película. Una pluma, un cambio en la manera de mover los labios, una pelota de ping-pong o las piernas del teniente Dan son algunos ejemplos. Además los límites empezaron a forzarse, películas como Twister o Jumanji jamás hubieran visto la luz sin una muestra de cómo se verían los efectos el cine. Las ideas y las innovaciones generaron nuevos métodos como el Imocap para ofrecer una directa transferencia de la actuación de un artista a un personaje generado por ordenador. El primero fue el capitán del Holandés Errante Davy Jones en Piratas del Caribe. El trabajo que llevó crear todos esos tentáculos no tiene nombre, no sólo debían parecer reales también tenían que interactuar unos con otros sin ser superpuestos como meras imágenes en pantalla.

La pantalla verde es un amigo de pocas palabras

Pero no todo es un camino de rosas, para los actores la transición supuso un cambio enorme. Para algunos fue fácil, Samuel L. Jackson lo utiliza para dejar libre su imaginación y lo compara con sus tiempos infantiles y conversaciones con personajes inventados, pero para otros fue increíblemente difícil. Robin Williams no estuvo entusiasmado con tener que escapar de una estampida ficticia y Liam Neeson consideró muy arduo trabajar en Star Wars: La Amenaza Fantasma actuando entre personajes que no estaban a su lado. Uno de los ejemplo más recientes fue el estallido de pena del actor Ian McKellen mientras interpretaba a Gandalf en la primera de El Hobbit. El actor llegó a considerar retirarse por sentirse terriblemente estresado por el hecho de actuar delante de una pantalla verde completamente solo. “Esto no es a lo que me dedico. Yo actúo con otras personas, no sé actuar solo“.

Un legado tecnológico

En un siglo XXI en el que hemos tenido cuatro películas protagonizadas por Transformers, está claro que los ordenadores mandan. Y es que la innovación es lo que mueve este negocio de convertir lo imposible en posible, y es que la casa que Star Wars construyó hace 40 años ha trabajado en casi 300 películas y se ha llevado 15 premios de la academia y 23 nominaciones adicionales por transportarnos a otros mundo con su magia de cine. Para muchos las películas ahora están sobrecargadas de efectos especiales, totalmente cierto en mi opinión, pero la realidad es que está triunfando y lo único que queda es pedir más porque ILM ha proporcionado una herramienta que está con nosotros para quedarse, y por mucho tiempo. Si hace 38 años nuestros padres veían Star Wars, ¿qué nos tocará ver mañana? o mejor dicho ¿qué nos queda por ver? Yo espero grandes cosas de ILM y estoy seguro de que seguirán sorprendiendo.

Carlos Fernández Alonso

Weigh anchors and hoist the mizzen. Yo ho ho.

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