Crónica GSF 2019 y entrevista a Morgan

11 minutos

El Gijón Sound se celebró otro año más y volvió a poblar las calles de la ciudad de espectáculos, música, charlas, poesía y, sobre todo, vida. Aunque el tiempo meteorológico no acompañó, la gente se echó a la calle a disfrutar del festival y de la ciudad, y agotó los abonos y también las entradas para algunos conciertos. Desde el jueves hasta la última hora del domingo se pudo disfrutar de un montón de eventos organizados por el festival y también de las ventajas que ofrece esta nuestra villa marinera.

Nosotros pudimos volver a disfrutar de unas jornadas cargadas de emociones, cerveza y buena comida, combinación ganadora donde las haya. Dentro de los eventos que más captaban la atención del público se encontraban los conciertos del sábado, encabezados por Rozalén, quien consiguió que el Teatro de La Laboral se abarrotase de gente de todas las edades y que todo el mundo se fueran del concierto “con ganas de vivir”.

La banda que acompaña a la albaceteña es espectacular y tienen muy buen rollo, ya que no paraban de bromear. Sin embargo, la gente quería escuchar las canciones que tanto les gustan, y Rozalén no dejó a nadie insatisfecho. Además de deleitar al público con un repaso a toda su carrera, no paro de bailar, de bromear con el resto de la banda y con la traductora, y de hablar, muy y mucho hablar. Y es que María, le gusta mucho contar anécdotas y reivindicar, como con las referencias a las palabras del Papá o al documental El silencio de otros (espectacular, ya que lo mencionamos) antes de lanzarse a cantar Justo.

Muchas de sus canciones, especialmente del último álbum Cuando el río suena, a pesar de ser muy personales, son también muy reivindicativas. Sin embargo, el espectáculo era apto para todos los públicos, por eso paso de “Mordor a Disney”, e invitó a todos los niños y niñas al escenario para interpretar con ella Las hadas existen. Aunque parezca mentira, Rozalén todavía tuvo tiempo de darse un paseo entre las butacas del teatro, de bromear con el cachopo y la fabada y de contar más anécdotas.

Mientras todo eso sucedía en una parte de Gijón, en la plaza del ayuntamiento donde estaba instalado el Escenario Mahou, tenía lugar el concierto Mahou Cinco Estrellas que contaba con la bandas Morgan y La Casa Azul. Aunque el tiempo para la primera banda era limitado, no pararon de desengranar temas de sus dos discos mientras entre canción y canción Nina, la cantante, hacía reír al público con sus pequeños discursos que ella hace de esa manera tan espontánea y graciosa. Que Morgan son un pedazo de banda y que transmiten de una manera brutal en directo es algo que la gente que se acercó hasta el Escenario Mahou pudo comprobar de primera mano. Aunque sus letras sean en inglés (a excepción de uno de sus temas emblema Sargento de hierro), el poder que tiene la voz de Nina embruja a cualquiera. Tuvimos la ocasión de hablar con la banda días antes del festival para hablar sobre varias cosillas, además del festival, y la pena fue no tener unas cervezas para compartir mientras tanto.

Bien temprano, Carlos, bajista de la banda, nos atendía por teléfono para repasar ese año desde que salió Air (2018) y lo que había traído consigo, como los 5 Premios MIN. Para ellos “fue una sorpresa porque si te nominan a muchas categorías alguno cae, pero que caigan 5 fue una sorpresa total. Sobre todo porque habíamos ido los años anteriores, que habíamos sido nominados a uno y tal, y ahí sí que vas diciendo “ahí no cae nada”, pero cuando son 6 nominaciones sí que entiendes que va a caer algo. Y todo lo demás del año, pues una pasada: empiezan a salir bolos -la agencia nos va actualizando de que sale un concierto, y otro, y otro, y otro…-, todo lo que dicen del disco es bueno y no hay nada malo, un sueño…”

Otra de las cosas que pasaron durante este año fue la colaboración que hicieron con Coque Malla para el programa Hoy empieza todo de Radio 3. Según ellos “un desfase”, y aunque “él estuviera en desventaja porque éramos cinco contra uno, tiene todas las tablas del mundo y estaba tan traquilo. Salió el tema bastante rápido en los Estudios Mans, que son gigantes, la gente súper maja y te dejan dormir en la Fundación que está en A Coruña en un sitio espectacular.” Al preguntarle a Carlos por con qué otro artista le gustaría colaborar deja muy claro cómo funciona el grupo y los gustos tan diferentes que tiene, porque él se queda con Xoel López, pero comenta que el resto de la banda podrían decir otros grupos o bandas ya no solo nacionales, si no también de fuera.

Morgan no solo se dedican a la composición y a los directos, si no que al no tener un sello detrás también se tienen que preocupar de otros detalles. Por ejemplo “Paco y Chuches se encargan más del merchan y de los discos”. “Es un currazo tremendo”, pero “hay dos o tres figuras que nos facilitan la vida un mogollón y que curran de la hostia y hacen que sea más fácil.” Además, admiten que las ofertas que les llegan de las discográficas tampoco sean para tirar cohetes, ya que “ahora un poco lo que quieren es un grupo que ya funcione para cogerlo y darle el empujón, cuando yo creo que deberían coger grupos desde abajo del todo, hacer una buena oferta y decir “venga, vamos con vosotros a muerte”.”

En el concierto hicieron gala de todo esto, pues se les veía pendientes de todo. Durante el concierto entremezclaban canciones de sus dos discos e instaban al público a colaborar con los coros de las canciones. Algunas no fueron fáciles de trasladar del estudio al directo, como por ejemplo Flying Peacefully, que según ellos les “ha costado un montón que suene bien en directo porque hasta que le hemos pillado bien el rollo nos ha llevado unos meses.” En el Gijón Sound sonó de maravilla e hizo a todas las personas presentes bailar un montón. Además, la mezclaron con Lose Yourself to Dance de Daft Punk y quedó redondísimo.

A la hora de elegirla le dan muchas vueltas y todos proponen canciones, pero “al final siempre acaba siendo alguna que ha elegido Paco, porque propone tantas. Pero cosas de lo más dispares; algo que no tenga que ver con nosotros y le damos nuestro rollo.” Otro ejemplo de esto sería lo que comenta Carlos que sucedió en un bolo en Bilbao, donde Nina “se cantó un tema en euskera de un mítico cantautor y, bueno, yo no sé cómo se ha podido aprender la letra en euskera, cantarlo y que la peña no te diga que has hecho un desastre.” Y es que hagan lo que hagan demuestran tener mucho aplomo, mucho gusto y muy buen hacer, por eso en Gijón se les aplaudió mucho y se celebró que seguramente se hayan ganado muchos adeptos, pues no fueron ni una ni dos personas las que después se fueron con el vinilo bajo el brazo.

Después de Morgan llegó el turno de La Casa Azul y todo el recinto se vino patas abajo. Guille Milkyway lideró la revolución sonora y también visual, con tres enormes pantallas que servían también para colocar a los músicos. La banda no solo presentó La gran esfera, recién salido al mercado, si no que también hizo incapié en sus últimos álbumes, La Polinesia meridional y La revolución sexual. Mucho se ha echado de menos a este músico, que había tardado ocho años en volver a escena.

Y más si cuando nos brinda unos conciertos tan movidos y animados como el que dio en Gijón, sin un respiro para descansar entre canción y canción y aprovechando momentos más relajados para recrearse él solo al piano para interpretar Como un fan. Momento álgido sin duda. Toda la gente presenté flipó con el espectáculo que de estos terrestres disfrazados de seres futuristas que desgranan sin complicación alguna Podría ser peor, Los chicos hoy saltarán a la pista y Superguay. Ni idea de cómo son capaces de aguantar tal ritmo. Lo que sí que está claro es que el público quedó con ganas de más y de que vuelvan pronto por tierras asturianas.

En la sesión del domingo, para empezar bien el día, nos fuimos a tomar un buen vermú a la plaza del ayuntamiento. Allí nos encontramos con Møna y con Santero y los muchachos, dos buenos descubrimientos que amenizaron el mediodía con los que se llenó la plaza, especialmente de familias, ya que el tiempo acompañó bastante. Después tocó ir a comer, porque no todo va a ser quemar calorías bailando, hay que coger fuerzas. Además, nosotros somos de degustarnos mucho a la hora de comer y la sobremesa y las post-sobremesa y el café de después y habrá que tomar una cerveza antes del siguiente grupo. Es que es entrar en un bar-restaurante-chigre y que se te haga de noche.

Pero lo que no nos íbamos a perder era al mítico Rufus Wainwright. Gijón era la primera parada de la gira que le llevaría después a Madrid y Barcelona, y por eso el Teatro de La Laboral se vistió de gala para recibir al neoyorquino. No obstante, antes actuó la teclista de su banda, Rachel Eckroth, que mostró a los y las presentes su poderosa y magnífica voz y brilló con luz propia durante la interpretación de temas tan sensibles como Walls o I’ll Try.

Su actuación fue muy aplaudida y gustó al público, sin embargo, se notaban las ganas de que el protagonista del evento saliera a escena. Por eso, cuando la banda pisó el escenario ya se empezaron a escuchar aplausos, que se convirtieron en ovación cuando Rufus Wainwright se hizo amo y señor del micrófono y del momento. La primera parte del concierto fue dedicada a su primer disco homónimo, aunque no faltaron sorpresas como su interpretación del clásico Both Sides, Now de Joni Mitchell.

En esta primera parte del show, dominado por la estética gangster del Chicago de los años 20, deleitó al respetable con sus interpretaciones de temas ya míticos como Danny Boy, Sally Ann o Beauty Mark. Rufus se mostró muy dicharachero; contó cómo compuso Barcelona sin haber estado si quiera en la ciudad y pensando que allí había bailaoras de flamenco y corridas de toros, y recordó a su amigo Leonard Cohen antes de Foolish Love explicando que no sabía que llegó a opinar este de su música, pero que su hija Lorca le contó que esa canción sonó durante días seguidos en bucle en su casa. También hubo momentos para criticar a la administración Trump y explicar el porqué de su último single, The Sword of Damocles, con la que cerró esta parte del show.

La segunda parte del espectáculo sucedió con más ritmo, casi sin pausa entre canción y canción y con Rufus Wainwright alternando entre guitarra y piano. Era el momento de recordar el segundo álbum que sacó al mercado, Poses. La estética también era distinta, pues en vez de el traje de mafioso que el artista lució en la primera parte ahora alternaba entre una chaqueta con mucho brilli brilli del gusto de Elton John y una capa negra con mucha pluma.

Estábamos ahora en el Chicago del musical. En esta parte salieron a escena temas como Cigarettes and Chocolate Milk, Shadows, Evil Angel o Imaginary Love. Las ovaciones se sucedían entre canción y canción hasta que al final Rufus y la banda aparecieron en escena para cerrar el concierto con una interpretación magistral de Across the Universe de The Beatles.

No pudo ser un final mejor, y por eso el público dejó clara su satisfacción con el mayor y más sonoro aplauso de la noche, siendo conscientes del lujo que era tener tal artista en Gijón. Eso sí, los fans de Shreck nos quedamos un poco tristes cuando vimos que no iba a interpretar su versión del Hallelujah, pero no lo volverá a hacer hasta que Trump se vaya.

Y con todo esto se terminó otra edición más del Gijón Sound y la ciudad vuelve a su estado de calma mientras se empieza a preparar para otro fin de semana de actividad el año que viene. Por nuestra parte también esperamos con ganas ver las apuestas que realizan desde el festival para el 2020, para seguir construyendo y disfrutando la ciudad y volver a vivir un fin de semana de propuestas diversas y emocionantes.

Aitor Gonzalez

Me gusta mucho desayunar y hacer entrevistas.
Aitor Gonzalez

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