Living with Yourself

4 minutos

✅ Artículo libre de spoilers

Cómo vivir contigo mismo (Living with Yourself) es una de las últimas series que la productora Netflix, alabado sea su nombre, nos trae a la plataforma de la mano de Tymothy Greenberg que sirve de director además de escritor. La trama nos lleva a través de la vida de Miles Elliot, que gracias a la ciencia ficción se somete a un experimento que promete eliminar todos los problemas que le convierten en una persona enfadada y descontenta. Este experimento no elimina sus problemas sino que, acorde con la premisa, los duplica de manera inesperada con un clon idéntico a Miles pero con un ligero cambio de actitud.

Hasta aquí la serie recuerda a conceptos ya utilizados previamente. Ejemplos claros serían ciertos toques de escenarios de futuro cercano de Black Mirror o excusas para que dos Arnold Schwarzeneggers aparezcan en pantalla en El sexto Día (clasicazo). Y con los primeros minutos y la idea de que este experimento se realizase en un spa, me encontraba un poco preocupado de que la serie hubiese copiado sin mucho disimulo a Rick y Morty en el episodio de Rest and Ricklaxation.

Este tipo de cosas pasan a menudo, tenemos tanto contenido a nuestra disposición que no podemos evitar buscar patrones o restos de guión. Pero la verdad que son las cosas más simples de la trama las que me han ganado al final, no su complicada o reciclada idea.

El piloto está extremadamente cuidado y ofrece una presentación muy completa de la vida de Miles. Los capítulos son de 25-30 minutos y al haber huido del formato de los completos 40 creo que le da tiempo y descanso al espectador para no buscar demasiadas trabas a una historia que lucha, con éxito, por ser mucho más simple de lo que se espera de ella.

La primera carcajada genuina no llega hasta el final del primer episodio pero eso no significa que no haya humor de por medio. Es un drama con toques de comedia enviados a través de un actor que se nota que ha trabajado mucho en el proyecto.

Hablemos de Paul Rudd. Soy un fan incondicional de Friends por lo que todo actor que haya salido en ella siempre tendrá un lugar especial en mi corazón, pero este se lo ha ganado a pulso. Desde comedias como Te quiero Tío o franquicias marvelitas como Ant-Man, el actor nunca ha hecho tan bien su trabajo como en esta serie. Miles y Miles, sí los dos clones se llaman por el mismo nombre y me encanta, son dos versiones del mismo personaje.

Uno podría verse como más real, la copia original, cansado de su trabajo y la rutina y lleno de sueños abandonados; mientras que el otro Miles tiene una visión mucho más optimista de la vida, más aún cuando sabe que es un clon y que nada de lo anterior ha sido realmente suyo.

Los efectos de tener a dos Paul Rudds en pantalla son muy buenos, apenas se nota el CGI y los cambios en el aspecto físico y maquillaje están muy cuidados. El propio Rudd abotona mal o bien sus botones del cinturón o camina de distintas formas dependiendo de a qué personaje interprete. Puede parecer sencillo pero el actor ha calificado el hecho de trabajar consigo mismo como algo extremadamente cansino. El resto del reparto no es ni mucho menos ambicioso, podría contarlos con una sola mano pero cabe destacar la presencia de Aisling Bea como Kate Elliot, mujer de Miles, y su química con el protagonista.

¿Merece la pena verla? Si bien es verdad que algunos episodios se enredan demasiado en sí mismos, la serie no intenta ser más de lo que es y se agradece un poco de sencillez. Estoy satisfecho con el final y no creo que haya necesidad de una segunda temporada, pero viendo errores pasados de Netflix creo que una renovación está casi garantizada.

nsf points

Carlos Fernández Alonso

Weigh anchors and hoist the mizzen. Yo ho ho.

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