Malick VS. Aronofsky: Y tú, ¿de qué lado estás?

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Una noche, hace no muchos días, tuve un sueño sumamente extraño, y lo dice una persona acostumbrada a devaneos nocturnos que rozan casi lo surreal. El caso es que desperté con la frente empapada en sudor y la mandíbula atenazada. Y no era miedo, era síntoma de jodida locura.

Influenciado aún quizá por The Force Awakens, hubo efectivamente en mí un despertar en forma de metáfora. Nunca había pensado que el Lado Luminoso y el Lado Oscuro, a pesar de ser un concepto metafísico que bebe de multitud de corrientes históricas, podría extrapolarse a algo tan heterogéneo como el cine. Y más concretamente, a los directores de cine.

Y en medio de ese sueño, entre sudor y chirriar de dientes, al alcance de la palma de mi puta mano, estaban Darren Aronofsky y Terrence Malick, batiéndose en duelo, el primero con sable rojo, el segundo con sable azul. Los planos pasaban y se fundían de forma vertiginosa: todo empezó en un escenario casi prehistórico, lleno de secuoyas gigantescas por las cuales el sol se filtraba, conjugando el canto de pájaros con el rumor de un arroyo.

Aquí Terrence se sentía cómodo y embestía una y otra vez a su adversario, usando la paz del lugar, pero sobretodo la Luz  del entorno  a su favor, y haciendo que ésta cegara a Darren. Cuando Malick iba a dar la estocada mortal, el plano cambió hacía uno frío y oscuro, lleno de ruidos penetrantes donde la vida brillaba por su ausencia. Parecía un bajo fondo de cualquier ciudad industrial. Aronofsky pasó entonces al ataque, deslizándose entre las sombras, jugando con el arma del despiste y del miedo, gritando a viva voz con furia mientras descargaba su sable sobre su oponente. Esta vez, y tras una ardua batalla digna de ser filmada en una Super 8, el escenario no cambió y Darren hirió fatalmente a Malick. Entonces desperté.

Os puedo jurar que no daba crédito a tan sutil metáfora. Mis dos directores favoritos enfrentados cuerpo a cuerpo, en una batalla por la corona del cine independiente. Es aquí donde el sueño, fruto de mi insano subconsciente, debía ser desarrollado ya con un enfoque más racional. Para aquellos que aún no os situéis, Terrence Malick es el creador  y director de El Árbol de la Vida (2011). Sí, esa película protagonizada por Jessica Chastain, Brad Pitt y Sean Penn, de la que se decía en los mentideros que algunos cines devolvían el dinero de la entrada si a la media hora te decidías por abandonar la sala. No se si ese rumor era verdad pero, qué cojones, no está hecha la miel para la boca del asno.

El sable azul blandido por Malick, en representación del Lado Luminoso, le viene que ni pintado. Sus obras a destacar ,además de la anteriormente citada, To The Wonder (2012) o La Delgada Línea Roja (1998), rebosan un halo de magia, por crudo que en algunas de sus películas sea el guión. Este cabrón sabe tratar la luz como nadie, y basta con ver el trailer de El Árbol de la Vida para darse cuenta de ello. Además, refleja las aspiraciones humanas, sus anhelos y miedos, con una visión pragmática de la vida, pero siempre optimista.

En cuanto a Darren Aronofsky, qué os voy a contar de él. Mundialmente conocido por Black Swan (2010), es un hombre de extremos. Un auténtico psicótico de la pantalla, una bestia cinematográfica. No en vano es también el director de Réquiem por un sueño (2000). Recuerdo la primera vez que vi este film. Me quedé loco, casi literalmente. Esas sucesiones de frames, esas escenas repetitivas casi obsesivas, esa música que te aflige cada neurona.

Aronofsky es capaz de lo que muy pocos pueden, de hacer que te revuelvas en tu butaca o sofá, disparando tu nivel de ansiedad a cotas casi enfermizas. Y si, además, todo ello es mezclado con un guión en el que un matemático paranoico, enfermo de migrañas y fiel defensor de que la naturaleza puede ser representada por números, descubre un modelo matemático para hacerse de oro invirtiendo en bolsa…YES BABY! Tenemos una bomba, una obra maestra sin parangón, una película de culto independiente como es Pi: fe en el caos (1998)

Si Terrence Malick te acompaña en sus películas de la mano, casi como un padre, mostrándote que no todo está perdido, Darren Aronofsky te suelta en ellas, te patea el culo y te abandona a tu suerte, proponiéndose crear en ti tal confusión, que o te arrepientes de haberte decidido por una de sus películas, o como yo, te haces un jodido adicto a ellas.

Desde luego, si quieres sentir la fuerza, debes sumergirte en la filmografía de estos dos directores, para entonces hacerte esta pregunta: Y yo, ¿de qué lado estoy?.

Marcos Fdez. Martínez @marcosOvd

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"Un mago nunca llega tarde, Frodo Bolsón. Ni pronto. Llega exactamente cuando se lo propone." | ESDLA: La Comunidad del Anillo (2001)
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