Análisis de la primera temporada de Stranger Things

7 minutos

Vivimos inmersos en un contexto cultural en el que no sólo es muy difícil evitar la copia sino que hacerlo apenas tiene sentido. Con esto no quiero decir que la creación de algo genuinamente nuevo sea absolutamente imposible, pero como creadores somos lo que hemos vivido, visto, leído o escuchado y considero que es inútil tratar de evitarlo. Por eso, entiendo cuando ese sentimiento va lo suficientemente más allá como para homenajear directamente a una obra y creo que es un acto de respeto enorme hacia ella (y su autor) el hecho de dedicar tu tiempo y tu trabajo a rendirle culto

La nueva serie de Netflix, con Matt Ross Duffer a los mandos, rinde homenaje al cine de misterio de la década de los 80. Y lo hace de una manera que recuerda mucho más a la admiración de Tarantino a la hora de recrear un género que a la inmensa cantidad de remakes, reboots y secuelas que hoy en día inundan las salas, tratando de sacarle partido al nombre de algún clásico del cine para rentabilizar un producto las más de las veces mediocre.

Strangers Things se desarrolla en el pueblo ficticio de Hawkins, Indiana, donde la búsqueda de un niño desaparecido acaba por sacar a la luz una serie de sucesos paranormales que parecen estar relacionados de alguna manera con un extraño edificio del Gobierno. Una vez más, nada nuevo bajo el sol, pero la diferencia es que en esta ocasión sabemos que es intencionado porque nadie trata de ocultarlo. Y es que todo de lo que he hablado antes no es una anécdota ni un dato curioso, es el leitmotiv de la obra entera y los hermanos Duffer se encargan de recordárnoslo desde los mismísimos títulos de crédito. Y esto deriva en el que probablemente sea, a la vez, el principal defecto y el gran acierto de la serie. Los clichés, los tópicos; las referencias.

Puede que muchos ya os estuvierais oliendo esto desde hace rato, y es que quizás sea imposible hacer una obra homenaje de este tipo sin recurrir a las situaciones y personajes habituales del género. La historia discurre por los derroteros habituales y los pocos giros, por evidentes, se ven venir a kilómetros de distancia. Como ya he dicho ni siquiera trata de evitarse, pero es innegable que la gran cantidad de recursos ya manidos que desfilan ante nosotros le restan fuerza al conjunto, y sobre todo, originalidad o, qué sé yo, incertidumbre.

La otra cara de la moneda es que muchas veces los tópicos lo son por una razón: porque bien usados funcionan; y aquí lo hacen rematadamente bien. Stranger Things es, probablemente, la única serie que mientras la ves te asalta la sensación de que ya la has visto y aún así no te molesta.

Los personajes son sólidos y (sobre todo) entrañables y el guión, aunque estándar, está lleno de ocurrencias y buenas decisiones, y el estar repleto de clichés hace de las pocas situaciones en las que los rompe algo verdaderamente satisfactorio. Además, el estilo visual sigue la misma línea ochentera que el resto de la serie pero sin caer absolutamente en la réplica. Y funciona muy bien, porque si le echas un vistazo rápido no atisbas una serie de los ochenta sino una serie basada en las series de los 80, que es lo que es. Es un matiz bastante importante.

Con todo, hay algo que me ha molestado especialmente. Me explico. La serie nos presenta a un monstruo desde la primerísima escena y lo hace de la forma habitual en este tipo de producciones. Un científico corre aterrado por un pasillo a oscuras, huyendo de algo. Trata de entrar en un ascensor mientras voltea la sudorosa cabeza una y otra vez, asustado. Cuando por fin consigue entrar y parece que está a salvo, algo lo agarra desde arriba y el científico desaparece en un abrir y cerrar de ojos. Al monstruo nunca lo vemos. Hasta aquí todo bien. Ahora un poco de contexto:

Esto era algo muy habitual en los 80, y aunque es cierto que el esconder al monstruo respondía casi siempre a necesidades de producción (los efectos digitales o los animatronix eran demasiado primigenios como para que parecieran realistas) el resultado siempre era el mismo: daba mucho más miedo si no sabías cómo era. Alien es un fantástico ejemplo de esto, porque elxenomorfo no aparece hasta los últimos compases y se le suele ver por partes y durante muy pocos segundos.

También podemos echar un vistazo a la lluvia y el humo para esconder al Tyranosaurus en Parque Jurásico o la famosa aleta de Tiburón. De hecho hace poco vi Encuentros en la Tercera Fase (gran asignatura pendiente) y encontré fascinante el modo de emplear el contraluz para enseñar a los aliens lo mínimo posible, ocultándolos, casi de soslayo.

Bueno, aquí no. Os cansaréis de ver al bicho en todo su esplendor y me parece una decisión terrible. El saber exactamente a qué te enfrentas desde los primeros compases de la serie anula completamente la intriga y corta de raíz las alas de la imaginación, que por incertidumbre habría creado algo mucho más terrible. Supongo que el auge de los efectos digitales hace que lo que antes se trataba de ocultar ahora se muestre con orgullo, pero en este caso quizás deberían haberse quedado con lo viejo.

De Izq. a Der. Chester Rushing, Joe Keery, Natalia Dyer, Shannon Purser.

De Izq. a Der. Chester Rushing, Joe Keery, Natalia Dyer, Shannon Purser.

Ha habido muchísimo revuelo con esta serie. Si utilizáis Internet a menudo sería tremendamente extraño que no hubierais oído hablar de ella. Y cuando algo sube tan rápido como la espuma como en este caso (y tantos otros) es mejor tomar cierta distancia y no hablar en caliente. Por mi parte, si no la hubiese visto el mismo día que se estrenó probablemente habría esperado un par de meses. Pero el caso es que sí lo he hecho y aquí estoy.

Después de todo el revuelo es posible que estéis preguntándoos si realmente es para tanto o si merece la pena. Y la verdad es que, con todo… creo que sí. Quizás sea porque me gustan sus referencias (esta serie son las películas de Steven Spielberg o los libros de Stephen King) y dentro de un tiempo no la recuerde, pero el caso es que me parece que sus aciertos superan con creces a sus fracasos.

Resulta verdaderamente increíble como una serie que fundamenta toda su propuesta en el homenaje sea capaz de tener tanta personalidad. He disfrutado cada minuto de los dos días en los que la devoré, y al final del día la sensación siempre era positiva. Ahora sólo queda esperar que la terrible manía de estirar el chicle no le pase factura a una serie que no necesitaba una segunda temporada. Sólo queda depositar nuestra confianza en Netflix. La mía, desde luego, la tienen.

nsf points

tu puntuación

[Total: 10 Porcentaje: 3.9]

tráiler

Miguel García

Miguel García

Mornings are for coffee and contemplation.
Miguel García

Latest posts by Miguel García (see all)

Comments are closed.